Page 282 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Los zánganos volaron hasta su pecho. No parecían

          pesar casi nada. Bean comprendió que soportaban gran


          parte de su peso con las alas.


                 —No pueden estar sobre mi pecho —dijo—. Aunque

          son  pequeños,  no  puedo  soportar  ese  peso  y  seguir

          respirando. Pero si se posan en el suelo junto a mí, y me


          tocan la cabeza como tocaban la tuya...


                 —Quieren honrarte como la nueva Reina Colmena —

          afirmó  Ender—,  pero  no  quieren  matarte  mientras  lo


          hacen. —Ender se arrodilló y apoyó la cabeza en la boca

          de  un  zángano.  Comunicó  su  mensaje  al  instante.  Los


          zánganos se bajaron del cuerpo de Bean y se reunieron

          alrededor de su cabeza.


                 Los  zánganos  se  habían  vuelto  más  hábiles  para

          comunicarse con los humanos desde aquella primera vez


          que intentaron hablar con Ender. Las imágenes llegaban

          despacio,  suavemente,  y  hacían  sugerencias  en  vez  de

          imponer sentimientos.


                 Al  principio  Bean  comunicaba  en  voz  alta  lo  que


          recibía de los zánganos. Ender, que también los tocaba y

          lo veía todo, le confirmó que los entendía correctamente.


                 Pronto fue Carlotta quien le hizo compañía. Y luego


          llegó el turno de Cincinnatus. Los zánganos también se

          turnaban, y dos por vez se quedaban con él.




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