Page 279 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
cambios inerciales del vuelo, sin estar en el asiento del
piloto. Los niños habían previsto un problema y habían
hallado una buena solución.
No era perfecta, pues la inexperiencia de Cincinnatus
se notaba en ocasiones. Pero era un vuelo mejor del que
habría hecho Bean, y mientras se aproximaban a la
esclusa abierta del flanco del arca, este tuvo que admirar
la destreza con que su hijo detenía el Sabueso.
Aquí no había gravitador. Las lentes de gravedad no
funcionaban bien dentro de objetos rotativos, y menos tan
cerca de un planeta. O tenías lentes de gravedad o tenías
fuerza centrífuga, nunca ambas cosas.
El atracadero de la rueda tenía longitud suficiente
para que el cuerpo de Bean no sobresaliera del lado
interior. Buen diseño, pensó. Muy recomendable para
gigantes.
El verdadero ingenio (el motivo por el que había
demorado una semana) fue visible en cuanto la rueda se
sincronizó con el lentísimo cilindro del ecotat. A esta
distancia del suelo, Bean casi no sentía gravedad. Luego
la puerta se abrió y vio el ecotat con sus propios ojos.
El alivio que había sentido cuando se elevó el techo
de la Heródoto no era nada en comparación con esto. El
lugar era enorme, y el sol falso del centro del eje imitaba
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