Page 103 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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aprovecharía la ocasión de su supuesto trabajo para
sumergirse en la investigación, y sabía también que se
enfadaría mucho si lo visitara en Brock. En los Campos
Salacus eran un secreto a voces, pero la Ciénaga era el
vientre de la bestia.
Así se había quedado sentada un día entero, cavilando
sobre lo que había aceptado.
Poco a poco, de forma tentativa, había devuelto su mente
a la figura monstruosa del señor Motley.
¡Esputo divino, mierda!, había pensado. ¿Qué era?
No tenía una imagen clara de su jefe, solo un sentido de la
discordancia deshilachada de su carne. Ribetes de memoria
visual la acariciaban: una mano acabada en cinco pinzas de
cangrejo igualmente espaciadas; un cuerno espiral que surgía
de un racimo de ojos; un filo reptiliano que surcaba un pelaje
caprino. Era imposible decir cuál era la raza original del
señor Motley. Nunca había oído hablar de reconstrucciones
tan extensas, tan monstruosas y caóticas. Cualquiera tan rico
como él podía, sin duda, permitirse a los mejores
reconstructores para convertirse en algo más que humano...
o lo que fuera. No le quedaba más que pensar que había
elegido aquella forma.
O eso, o era víctima de la Torsión.
Se preguntó si aquella obsesión por la zona de transición
reflejaba su forma, o si había sido la obsesión la primera.
La alacena de Lin estaba llena de bocetos del cuerpo del
señor Motley, ocultos a toda prisa por si Isaac decidía
quedarse aquella noche. Había tomado notas apresuradas de
cuanto recordaba a aquella lunática anatomía.
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