Page 101 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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criminales de Nueva Crobuzon.

                Ya  había  usado  antes  los  servicios  de  Lemuel  cuando

            había  necesitado  compuestos  raros  o  proscritos,  o  un

            manuscrito del que quedaran muy pocas copias en la ciudad,

            o  información  sobre  la  síntesis  de  sustancias  ilegales.  Le

            hacía gracia pensar en los más duros elementos criminales de

            los bajos fondos empeñados en capturar pájaros y mariposas,

            entre sus guerras de bandas y sus ventas de droga.

                Reparó en que al día siguiente era Día de la huida. Hacía

            mucho que no veía a Lin, que ni siquiera sabía nada sobre su

            trabajo. Recordó que tenían una cita para cenar. Podría parar

            su investigación unas horas para contarle a su amante todo

            cuanto había sucedido. Disfrutaba vaciando su mente de los

            muchos giros y salidas acumuladas, ofreciéndoselos a Lin.

                Lublamai y David se habían marchado. Estaba solo.

                Onduló  como  una  morsa,  esparciendo  papeles  e

            impresiones por todas partes. Apagó la lámpara de gas y echó

            un  vistazo  al  oscuro  almacén.  A  través  de  la  mugrienta

            ventana alcanzaba a divisar el frío círculo de la Luna y las

            lentas  piruetas  de  sus  dos  hijas,  satélites  de  roca  yerma

            brillando  como  orondas  luciérnagas  mientras  giraban

            alrededor de su madre.

                Cayó dormido observando aquella enrevesada maquinaria

            lunar, bañado por la luz del satélite, soñando con Lin: un

            sueño tenso, sexual, amoroso.

















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