Page 98 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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podrían explicar...
En ese momento, Lemuel Pigeon apareció delante de
Isaac.
—Lo siento, Ged —interrumpió el humano con
premura—. Lo lamento y todo eso, pero tengo que hablar
ahora mismo con Lemuel. ¿Podemos seguir después?
Ged sonrió sin rencor y despidió a Isaac con la mano.
—Lemuel, tenemos que hablar. Podría ser rentable.
— ¡Isaac! Siempre es un placer tratar con un hombre de
ciencia. ¿Cómo va la vida de la mente?
Lemuel se recostó en su silla. Vestía sin gusto, con
chaqueta borgoña y chaleco amarillo, además de un pequeño
sombrero.
Una masa de rizos amarillos surgía de debajo en una coleta
con la que estaba en franco desacuerdo.
—La vida de la mente, Lemuel, ha llegado a una especie
de callejón sin salida. Y ahí, amigo mío, es donde entras tú.
— ¿Yo? —Lemuel Pigeon sonrió ladeado.
— Sí, Lemuel —replicó Isaac ominoso—. También tú
puedes contribuir a la causa del saber.
A Isaac le gustaba charlar con Lemuel, aunque el joven le
hacía sentirse algo incómodo. Se trataba de un buscavidas,
de un estafador, de un perista... el pícaro quintaesencial. Se
había labrado un provechoso nicho siendo el más eficaz
intermediario. Paquetes, información, ofertas, mensajes,
refugiados, bienes: para cualquier cosa que dos personas
quisieran intercambiar sin reunirse, Lemuel era el mensajero
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