Page 100 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ti para arreglar que uno de tus honorables socios liberara a
un pobre y pequeño aspis de alguna jaula dorada en Gidd
Este o en el Anillo. ¿Capiche?
—Isaac, viejo... comenzamos a entendernos.
—Por supuesto, Lemuel. Eres un hombre de negocios.
Estoy interesado en monstruos voladores raros. Quiero cosas
que nunca antes haya visto. Quiero criaturas originales. No
voy a pagar una pasta por una cesta llena de mirlos, aunque
no te tomes esto como una indicación de que no quiero
mirlos, por favor. Claro que los quiero, igual que chovas,
tordos, lo que sea. Y palomas, Lemuel, como tu apellido.
Pero claro, prefiero, digamos, serpientes libélula.
—Raros —repitió Lemuel, contemplando su pinta.
—Muy raros —asintió Isaac—. Por eso se pagarían
grandes sumas por un buen espécimen. ¿Captas la idea?
Quiero pájaros, insectos, murciélagos... también huevos,
capullos, larvas, cualquier cosa que vaya a convertirse en
algo volador. De hecho, eso sería más útil. Cualquier cosa
que vaya a convertirse en algo no mayor que un perro. Nada
que pueda ser más grande, ni nada peligroso. Por
impresionante que sea atrapar un drudo o un eoloceronte, no
los quiero.
— ¿Y quién querría?
Isaac introdujo un billete de cinco guineas en el bolsillo de
la chaqueta de Lemuel. Acto seguido, los dos alzaron sus
vasos y bebieron juntos.
Aquello había sido la noche anterior. Isaac estaba sentado,
imaginando cómo su petición se abría paso hacia los barrios
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