Page 99 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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adecuado. Era imprescindible para la gente como Isaac, que
quería tratar con los bajos fondos de Nueva Crobuzon sin
mancharse las manos. Del mismo modo, los moradores de la
otra ciudad usaban a Lemuel para alcanzar el reino de la
«legalidad» sin encallar en la puerta de la milicia. No todos
los trabajos de Lemuel involucraban a ambos mundos:
algunos eran por completo legales o ilegales. Pero cruzar la
frontera era su especialidad.
Su existencia era precaria. No tenía escrúpulos y actuaba
de forma brutal, despiadada de ser necesario. Si había
peligro, no dudaba en echar a los perros a quien le
acompañara con tal de escapar indemne. Todo el mundo lo
sabía, pues nunca lo ocultaba. Disponía de cierta honestidad,
y nunca pretendía ser alguien de fiar.
—Lemuel, pequeño demonio de la ciencia, estoy
desarrollando una pequeña investigación, y necesito
conseguir algunos especímenes. Hablo de cualquier cosa que
vuele. Ahí es donde entras tú. Mira, un hombre en mi
posición no puede andar vagando por Nueva Crobuzon en
busca de... bichos. Un hombre en mi posición tiene que ser
capaz de pasar la voz y ver cómo los monstruitos alados
llegan a su regazo.
—Pues pon un anuncio en un periódico, tío. ¿Para qué me
quieres a mí?
—Porque hablo de muchos, de muchos, y no quiero saber
de dónde vienen. Y hablo de variedad. Quiero disponer de
tantos monstruitos alados como sea posible, y no es fácil
conseguir a alguno de ellos. Por ejemplo: si quisiera obtener,
digamos, un aspis, podría pagar bien al capitán de un barco
por un espécimen sarnoso y moribundo... o podría pagarte a
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