Page 218 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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llevándolas a la ventana, conservando solo al ciempiés
grande, moribundo, multicolor.
Tomó puñados de huevos y los tiró a la calle, tras las
formas en fuga. Después siguió con los ciempiés que se
retorcían y sacudían mientras caían sobre el pavimento.
Sacudió cajas que traqueteaban con las delicadas formas en
pupa, vaciándolas por la ventana. Vertió un tanque de larvas
acuáticas. Para aquellas crías era una cruel liberación, unos
breves segundos de libertad y aire fresco.
Por fin, cuando la última criatura hubo desaparecido, Isaac
cerró la ventana. Se giró y revisó el almacén. Oía un leve
aleteo, y vio algunas figuras revoloteando alrededor de las
lámparas. Un aspis, un puñado de polillas o mariposas, y una
pareja de pequeños pájaros. Bueno, pensó, ya encontrarán el
camino de salida, o no durarán mucho y podremos echarlos
cuando mueran.
Tirados por el suelo frente a la ventana había algunos de
los redrojos y los desahuciados, los débiles, que habían caído
antes de poder volar. Algunos estaban muertos. La mayoría
se arrastraba patética a uno u otro lado. Se dispuso a
limpiarlos.
—Tienes la ventaja de que eres (a) bastante hermoso; y (b)
bastante interesante, viejo cabrón —le dijo al inmenso
gusano enfermo mientras trabajaba—. No, no, no me des las
gracias. Solo considérame un philanthrope. Y, además, no
entiendo por qué no comes. Eres mi proyecto —dijo,
lanzando una carretada de débiles criaturas trémulas a la
calle—. No creo que sobrevivas a esta noche, pero si serás
cabrón que has conseguido mi misericordia y mi curiosidad,
así que voy a hacer un último intento por salvarte.
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