Page 216 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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levantando ganchos, descorriendo pestillos, abriendo huecos
en alambres finos como la seda. Los frentes de las pequeñas
prisiones comenzaban a ceder. Apresuradamente, abrió todas
las portezuelas con las manos allá donde la vara no era lo
bastante precisa.
Al principio, las criaturas encerradas se mostraron
confusas. Para muchas, habían pasado semanas desde la
última vez que volaran. Se habían alimentado mal y estaban
aburridas y asustadas. No comprendían aquel repentino
escaparate de libertad, el ocaso, el olor del aire ante ellas.
Pero, tras aquellos largos momentos, el primero de los
cautivos rompió sus cadenas.
Era un búho.
Se arrojó por la ventana abierta y voló hacia el este, donde
el cielo era más oscuro, hacia las tierras boscosas de la Bahía
de Hierro. Planeó entre las costillas, moviendo apenas las
alas.
Aquella fuga fue una señal. Se produjo una tormenta de
alas.
Azores, polillas, murciélagos, tábanos, aspis, periquitos,
escarabajos, urracas, criaturas de los altos cielos, pequeños
planeadores de superficie, seres de la noche, del día y del
crepúsculo escaparon por la ventana de Isaac en una
resplandeciente explosión de camuflaje y color. El sol se
había ocultado al otro lado del almacén. La única luz que
capturaba la nube de alas, pelaje y quitina era la de las
farolas, y los jirones de sol reflejados en el sucio río.
Isaac bebió la gloria del espectáculo, exhaló como si se
tratara de una obra de arte. Durante un instante miró
alrededor en busca de una cámara, pero abandonó la idea y
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