Page 213 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Vamos, viejo cabrón, capullo, come algo, por el amor
de Jabber.
El ciempiés yacía inerte sobre un costado. Su piel fláccida
se agitaba en ocasiones y sacudía la cabeza, en busca de
comida. Isaac se inclinó sobre él, le habló, lo pinchó con un
palo. La criatura se sacudió incómoda antes de rendirse.
Isaac se enderezó y arrojó el palo a un lado.
—Has ganado —anunció al aire—. No podrás decir que
no lo he intentado.
Se alejó de la pequeña caja, llena de distintos alimentos
mohosos.
Las jaulas seguían apiladas sobre la pasarela elevada del
almacén. La discordante sinfonía de chillidos, siseos y otros
sonidos aviarios persistía, pero el número de criaturas había
descendido. Muchas de las jaulas y nidos estaban abiertos y
vacíos. Restaba menos de la mitad de los especímenes
originales.
Isaac había perdido a varios de sus sujetos experimentales
a manos de la enfermedad; otros a peleas, tanto entre
distintas especies como entre congéneres; y algunos por sus
propias investigaciones. Varios cuerpecitos rígidos seguían
clavados en distintas posiciones en tableros repartidos por
toda la pasarela. Las paredes estaban cuajadas de
ilustraciones. Sus primeros bocetos sobre alas y vuelo se
habían multiplicado de forma ingente.
Isaac se inclinó sobre su mesa y pasó los dedos sobre los
diagramas que la cubrían por completo. En lo alto había
dibujado un triángulo con una cruz dentro. Cerró los ojos
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