Page 234 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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carta con aquella letra apretada, en la que le decía que se

            requerían sus servicios en alguna abstrusa teoría, o quizá en

            un derrotero sin sentido. Isaac no podía negarse a aquellas

            «peticiones». Hacerlo sería poner en peligro sus privilegios
            de acceso a los recursos de la universidad, y por tanto a una

            rica veta de equipo que saqueaba más o menos a voluntad.

            Vermishank no hacía nada por restringir los privilegios de

            Isaac, a pesar de su cada vez más tenue relación profesional,

            y a pesar de que, probablemente, notara la relación entre la

            desaparición del material y su programa de investigación.

            Isaac no entendía el motivo. Probablemente lo haga para

            mantener su poder sobre mí, pensó.

                Comprendió  que  sería  la  primera  vez  en  su  vida  que

            buscara  a  Vermishank,  pero  tenía  que  verlo.  Aunque  se

            sentía comprometido con su nueva aproximación, su teoría

            de la crisis, no podía volver la espalda a tecnologías más o

            menos  mundanas,  como  la  reconstrucción,  sin  antes
            consultar  la  opinión  de  uno  de  los  principales

            biotaumaturgos de la ciudad respecto al asunto de Yagharek.

            Obrar de otro modo no sería profesional.


                Se hizo un rollito de jamón y una taza de chocolate frío, y
            se  aceró  al  pensar  en  Vermishank.  Le  disgustaba  por  una

            enorme  variedad  de  razones.  Una  de  ellas  era  política.

            Después de todo, la biotaumaturgia era un modo educado de

            describir una experiencia, uno de cuyos usos era arrancar y

            recrear  la  carne  para  unirla  de  modos  antinaturales,

            manipularla  dentro  de  unos  límites  dictados  solo  por  la

            imaginación. Por supuesto, las mismas técnicas podían sanar

            y reparar, pero esa no era su aplicación habitual. Nadie tenía

            pruebas, por supuesto, pero a Isaac no le sorprendería nada




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