Page 237 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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¿Crees que voy a dejarte hablar así? ¿Crees que puedes
chantajearme, mierdecilla?, pensó.
—Lucky, más te vale largarte echando hostias si no
quieres que te arranque la cabeza.
Gazid se puso como pudo en pie y rompió a gritar.
— ¡Estás como una puta cabra, Isaac! Creía que éramos
amigos...
El moco, las lágrimas y la sangre se mezclaban en el suelo.
— Sí, pues mira, creíste mal, ¿no, viejo? No eres más que
un puto desgraciado, un... —Isaac se detuvo y observó
atónito.
Gazid estaba inclinado contra las jaulas vacías sobre las
que descansaba la caja del ciempiés. Isaac podía ver al
grueso gusano agitándose, excitado, retorciéndose
desesperado contra la cárcel de alambre, temblando con
repentinas reservas de energía hacia Gazid.
Lucky aguardaba, aterrorizado, a que Isaac terminara.
— ¿Qué? —aulló—. ¿Qué vas a hacer?
—Cállate —siseó Isaac.
El ciempiés era más delgado de lo que había sido al llegar,
y sus extraordinarios colores de pavo real se habían apagado;
pero sin duda estaba vivo. Se agitaba por la pequeña jaula,
tanteando el aire como el dedo de un ciego, dirigiéndose
hacia Gazid.
—No te muevas —siseó Isaac, acercándose. El aterrado
Gazid obedeció y siguió su mirada, abriendo los ojos al ver
al enorme gusano moviéndose en la jaula, tratando de
encontrar el modo de llegar hasta él. Apartó la mano de la
caja con un grito y comenzó a alejarse. Al instante, el
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