Page 238 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ciempiés cambió de dirección, intentando seguirlo.
—Es fascinante —dijo Isaac. Mientras observaba, Gazid
se incorporó y se cogió la cabeza, sacudiéndola de repente
con violencia, como si estuviera llena de insectos.
— ¿Q... qué le pasa a mi cabeza? —tartamudeó.
Al acercarse más, Isaac también pudo sentirlo. Retazos de
sensaciones alienígenas se deslizaban como veloces anguilas
a través de su cerebelo. Pestañeó y tosió un poco, hipnotizado
durante unos breves y repentinos instantes por sensaciones y
emociones que no eran las de su garganta bloqueada. Sacudió
la cabeza y cerró con fuerza los ojos.
—Gazid —saltó—, anda lentamente a su alrededor.
Lucky Gazid obedeció, y el ciempiés se volcó en su
ansioso intento por enderezarse, por seguirlo, por rastrearlo.
— ¿Por qué me quiere esa cosa? —gimió Gazid.
—No tengo ni idea —replicó Isaac con aspereza—. Está
ansioso. Parece que quiere algo que tienes, viejo. Vacía
lentamente los bolsillos. No te preocupes, no te voy a quitar
nada.
Gazid comenzó a sacar trozos de papel y pañuelos de los
pliegues de su chaqueta y sus pantalones sucios. Titubeó
antes de buscar y sacar dos gruesos paquetes de sus bolsillos
interiores.
El gusano se volvió loco. Los desorientadores fragmentos
de sentimientos sinestéticos volvieron a abrumarlos a los
dos.
— ¿Qué cono es eso? —preguntó Isaac con los dientes
apretados.
—Este es de shazbah —dijo Gazid dubitativo, agitando el
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