Page 244 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 244

droga pegajosa. Imprevisibles y pequeñas ondas de felicidad

            entomóloga  se  derramaban  por  la  mente  de  Isaac.  La

            sensación era desagradable. Se retiró. Mientras observaba, el

            gusano dejó de comer y se limpió con delicadeza el residuo
            pegajoso. Después volvió a empezar, manchándose de nuevo

            para comenzar el ciclo.


                —Pequeño  cabrón,  ¿te  gusta,  eh?  —musitó—.  ¿Está

            bueno, eh? ¿Te gusta? Hmm, estupendo.

                Se acercó a la mesa y recogió su propia cena. Se giró para

            observar  aquella  pequeña  forma  multicolor  agitándose,

            mientras daba un bocado al rollito; torció el gesto ante el pan,

            un poco pasado, y la ensalada mustia. Al menos el chocolate

            era bueno.

                Se  limpió  la  boca  y  regresó  a  la  jaula  del  gusano,

            preparándose  para  las  peculiares  oleadas  empáticas.  Se

            acuclilló  y  observó  a  la  famélica  criatura  devorando.  Era

            difícil asegurarlo, pero pensó que sus colores ya eran más

            brillantes.

                —Serás un buen sustituto para que no me obsesione con

            la  teoría  de  la  crisis,  ¿de  acuerdo?  ¿Te  apetece,  pequeño

            cabrón  agusanado?  No  te  he  visto  en  los  libros  de  texto,

            ¿sabes? ¿Eres tímido? ¿Es eso?

                Una descarga de psique retorcida golpeó a Isaac como el

            virote de una ballesta. Se tambaleó y cayo al suelo.


                — ¡Ou! —chilló, mientras trataba de alejarse de la jaula—
            . No soporto tus berridos empáñeos, pequeñajo... —Se puso

            en pie y se acercó a la cama, frotándose las sienes. Justo

            cuando llegó, otro espasmo de emociones alienígenas pulsó

            violento en su cabeza. Sus rodillas se doblaron y cayó a la

            cama,  apretándose  las  sienes—.  ¡Ah,  mierda!  —Estaba


                                                           243
   239   240   241   242   243   244   245   246   247   248   249