Page 246 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Mírate, cretino,  se  burló  una  sección  de  su  mente  con

            desprecio. ¿Te parece digno?

                Pero no prestó atención. Estaba feliz nadando suavemente

            en la cama, boqueando como un animal moribundo, tensando

            el cuello de forma experimental y empujándose con los ojos.

                Sintió  crecer  la  presión  en  la  nuca.  Observó  una  gran

            puerta, la de un sótano, instalada en la pared de la esquina

            más ignorada de su cerebelo. La puerta traqueteaba. Algo

            estaba intentando escapar.


                Rápido, pensó Isaac. Atráncala...

                Pero  podía  sentir  el  poder  creciente  de  aquello  que

            pugnaba por escapar. La puerta era una caldera rezumante de

            pus, presta a reventar, como la faz sin rasgos de un perro de

            músculos colosales, luchando ominoso y silencioso contra

            sus  cadenas,  como  el  mar  batiendo  sin  descanso  el  muro
            desmenuzado del puerto.


                Algo en la mente de Isaac se liberó con una explosión.








































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