Page 249 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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lógica e imágenes a lo largo de las vidas y los sexos y las
especies, hasta que apenas podía respirar; se ahogaba en la
pasta espesa de los sueños y las esperanzas, en recuerdos y
reflexiones que nunca habían sido suyos.
Su cuerpo no era más que un saco sin huesos de efluvio
mental. En algún punto muy lejano lo oyó gemir y sacudirse
sobre la cama con un líquido regurgitar.
Le daba vueltas la cabeza. Dentro de aquella tortura
intermitente de emociones y pathos discernió una delgada y
constante corriente de disgusto y miedo que reconoció como
propios. Se esforzó por alcanzarla a través del lodo de
dramas imaginados y vividos por la consciencia. Tocó la
náusea incipiente que, sin duda alguna, él sentía en aquel
momento, se afianzó, se centró en ella... Isaac se aferró a ella
con fervor radical.
Se amarró a su núcleo, sacudido por los sueños a su
alrededor. Voló sobre una ciudad de pinchos como una niña
de seis años que se reía emocionada en una lengua que nunca
había oído, pero que momentáneamente reconoció como
propia; se sacudió con inexperta emoción al vivir el sueño
erótico de un púber; nadó en estuarios, visitó extrañas grutas
y libró batallas rituales. Vagó a través de la pradera lisa que
era la mente onírica despierta de los cactos. Las casas
mutaban a su alrededor con la lógica de los sueños que
parecían compartir todas las razas inteligentes de Bas-Lag.
Nueva Crobuzon aparecía aquí y allí, en su forma onírica,
en su geografía recordada o imaginaria, con algunos detalles
resaltados y otros ausentes, grandes oquedades entre las
calles que eran recorridas en segundos.
Había otras ciudades, otros países, otros continentes en
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