Page 259 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Vermishank no era obeso, pero estaba cubierto por
completo por una capa de exceso, un pellejo de carne muerta,
como un cadáver. Vestía un traje demasiado pequeño para él,
y su necrótica piel blanquecina rezumaba bajo las mangas.
El cabello fino estaba peinado y arreglado con neurótico
fervor. Bebía una crema grumosa, en la que mojaba pan de
vez en cuando; chupaba la masa resultante sin morderla,
preocupado por que el pan babeado y rezumante de amarillo
no cayera sobre el escritorio. Sus ojos incoloros se clavaron
en Isaac.
Este lo observó inquieto y se sintió agradecido por su
tamaño y por su piel, del color de la madera ardiendo.
— Te iba a gritar por no llamar a la puerta o por no pedir
cita, pero entonces vi que eras tú. Por supuesto. Las reglas
normales no se aplican. ¿Qué tal estás, Isaac? ¿Buscas
dinero? ¿Necesitas algún trabajo de investigación? —
preguntó con su susurro flemoso.
—No, no, nada de eso. En realidad no me va mal —
respondió Isaac con bonhomía reprimida—. ¿Qué tal el
trabajo?
—Ah, muy bien, muy bien. Estoy preparando un artículo
sobre bioignición. He aislado el elemento pirótico de las
abejas de fuego. —Se produjo un largo silencio—. Muy
emocionante —susurró Vermishank.
—Eso parece, eso parece —replicó Isaac. Se miraron. A
Isaac no se le ocurría ninguna otra conversación superficial.
Despreciaba y respetaba a Vermishank. Era una
combinación insoportable.
—Así que... bueno... —comenzó Isaac—. Para ser franco,
he venido para pedir tu ayuda.
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