Page 255 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Desde el otro lado de la estancia, el ciempiés se arrastraba

            por  el  suelo  de  su  nueva  jaula.  Hocicaba  desdichado

            alrededor del polvo, antes de incorporarse de nuevo y agitar

            la cabeza en dirección al paquete de droga.

                Isaac se dio una bofetada.

                —Oh,  mierda  —dijo.  Vagas  emociones  de  malestar  y

            curiosidad experimental se combinaban en su cabeza. Era

            una  emoción  infantil,  como  la  de  los  niños  y  niñas  que

            quemaban insectos con una lupa. Se incorporó y metió una

            gran  cuchara  de  madera  en  el  envoltorio.  Acercó  la  masa

            coagulada al ciempiés, que casi bailó de excitación al ver, u

            oler, o sentir de algún otro modo, la llegada de la mierda

            onírica. Isaac abrió una pequeña compuerta instalada a tal

            efecto en la parte trasera de la jaula y volcó las dosis. De
            inmediato, el ciempiés alzó la cabeza y cayó sobre la mezcla

            grumosa. Ahora su boca era lo bastante grande como para

            que su funcionamiento se apreciara con claridad. Abrió las

            fauces y engulló con voracidad el poderoso narcótico.

                —Esa —dijo Isaac— es la jaula más grande en la que te

            voy a meter, así que tómatelo con calma, ¿eh? —Se alejó

            para vestirse, sin apartar la mirada de la criatura.


                Recogió  y  olió  las  diversas  prendas  tiradas  por  toda  la

            estancia. Se puso una camisa y unos pantalones que no olían

            mal y que tenían pocas manchas.

                Será mejor que haga una lista de tareas, pensó sombrío.

            Lo primero, matar a palos a Lucky Gazid. Se acercó a su

            mesa. El diagrama de la Teoría Unificada de Campos que

            realizara para Yagharek seguía encima de la pila de papeles.
            Apretó  los  labios  y  lo  estudió.  Lo  recogió  y  observó

            pensativo el lugar donde el ciempiés masticaba feliz. Aquella



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