Page 261 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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— Sí... ¿Por qué, Isaac? ¿Te ha pedido alguien que le
permitas volar?
—En realidad no puedo... divulgarlo.
—Por supuesto, Isaac. Por supuesto. Porque eres un
profesional. Y por ello te respeto. —Sonrió cruel a su
invitado.
— Y... ¿cuáles son los detalles? —aventuró Isaac,
vigilando sus dientes antes de hablar para controlar su
indignación. Que te follen, cerdo manipulador y
condescendiente, pensó con furia.
—Oh oh. Bueno... —Isaac se retorció de impaciencia
mientras Vermishank alzaba pensativo la cabeza para
recordar—. Hubo un gran biofilósofo, años atrás, al final del
siglo pasado. Calligine, se llamaba. Se rehizo. —Vermishank
sonrió con crueldad y deleite y sacudió la cabeza—. Fue una
auténtica locura, pero pareció funcionar. Eran unas enormes
alas mecánicas que se desplegaban como abanicos. Escribió
un panfleto al respecto. —Miró por encima de su hombro
grueso y observó vagamente los estantes de volúmenes que
cubrían las pareces. Hizo un gesto con la mano que podía
señalar cualquier cosa, salvo la localización del texto de
Calligine—. ¿No conoces el resto? ¿No has oído la canción?
—Isaac entrecerró los ojos, confundido. Para su desgracia,
Vermishank cantó algunos compases con una aflautada voz
de tenor—. Y Calli voló a los cielos/con sus alas y un
sombrero/Y así marchó una mañana/ tras despedir a su
amada/Y se largó hacia el oeste/ Desapareciendo en la tierra
de la horrible hueste...
— ¡Claro, la he oído! —dijo Isaac—. Nunca pensé que se
tratara de alguien de verdad...
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