Page 258 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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cigarrillos liados de tabaco pungente. Isaac pasó junto a un
grupo que ocupaba el final de un pasillo, practicando lo que
acababan de aprender y riendo encantados cuando el
diminuto homúnculo creado a partir de un hígado dio cuatro
pasos antes de derrumbarse en un cuajo de pulpa palpitante.
El número de estudiantes a su alrededor descendía al
recorrer los pasillos y subir las escaleras. Para su irritación y
disgusto, descubrió que su pulso se aceleraba al acercarse a
su detestable jefe.
Recorrió las salas paneladas de madera y enmoquetadas
del ala de administración de la Facultad de Ciencias, y se
dirigió hacia el despacho al otro extremo, en cuya puerta
rezaba escrito con pan de oro: «Director. Montague
Vermishank».
Se detuvo un instante fuera y silbó nervioso. Estaba
emocionalmente confuso tratando de mantener la furia y el
desagrado de una década detrás de un tono conciliatorio y
civilizado. Inspiró profundamente antes de girarse y llamar
con los nudillos, abrir la puerta y entrar.
— ¿Qué cree usted...? —gritó el hombre detrás del
escritorio, antes de detenerse de golpe al reconocer a Isaac—
. Ah — dijo tras un largo silencio—. Por supuesto, Isaac.
Siéntate.
Isaac obedeció.
Montague Vermishank estaba dando cuenta de su
almuerzo, con el rostro macilento y los hombros inclinados
sobre la enorme mesa. Tras él había una pequeña ventana.
Isaac sabía que daba al exterior, a las amplias avenidas y las
grandes casas de Mafatón y Chnum, pero la luz quedaba
ahogada por una pesada cortina.
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