Page 266 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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mucho para comportarse de forma impenitentemente
desagradable con su antiguo jefe. Tenía demasiada
experiencia como para cerrarle la puerta de golpe.
De modo que se perdonó su represalia a medias y sonrió
por su torpe reacción ante aquel hombre miserable. Al fin
había descubierto lo que quería cuando acudió allí. La
reconstrucción no era una opción para Yagharek. Se sintió
complacido, y era lo bastante honrado como para reconocer
lo ignominioso de sus motivos. Su propia investigación se
había visto revigorizada por el problema del vuelo, y si la
prosaica escultura corporal de la biotaumaturgia aplicada
hubiera vencido a la teoría de la crisis, su trabajo se hubiera
visto paralizado. No quería perder aquel nuevo impulso.
Yag, viejo, es como yo pensé. Soy tu mejor oportunidad,
y tú la mía.
Antes de la ciudad hubo canales que se abrían paso por
las formaciones de roca como colmillos de silicato, y campos
de maíz en la tierra delgada. Y antes de la vegetación hubo
días de piedra resplandeciente. Retorcidos tumores
graníticos que habían descansado en el vientre de la tierra
desde su parto vieron su piel de humus desollada por el aire
y el agua en unos meros diez mil años. Eran feos y
aterradores, como siempre son las entrañas, los
promontorios rocosos, los peñascos.
Recorrí la senda del río sin bautizar entre las duras
colinas escarpadas; en días se convertiría en el Alquitrán.
Podía verlas gélidas cumbres de las montañas de verdad,
kilómetros al oeste, colosos de roca y nieve que se
encabritaban imperiosos sobre las puntas de los conos de
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