Page 270 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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capaz de ayudarme. Le di mi látigo a un mercader que me

            dejó ir en su carro durante ochenta kilómetros, hacia los

            valles. No aceptó mi oro, solo mis armas.

                Estaba ansioso por dejar el mar detrás. El mar fue un

            interludio. Cuatro días en un lento y oleoso barco de ruedas,

            arrastrándonos por el Mar Escaso mientras yo permanecía

            abajo, sabiendo solo por el vaivén y el sonido del agua que

            estábamos navegando. No podía pasear por la cubierta. Me

            sentiría más confinado en el exterior, bajo aquel infinito

            cielo oceánico, que en cualquiera de los sofocantes días
            dentro de aquel hediondo camarote. Me escondí de las

            gaviotas, de los pigargos y de los albatros. Permanecí cerca

            del piélago, tras la puerta cerrada, detrás de los enterados.


                Y ante las aguas, cuando yo aún ardía por la furia, cuando
            mis cicatrices seguían sangrando, se alzaba Shankell, la

            ciudad de los cactos. La ciudad de los muchos nombres. La

            Joya del Sol. Oasis. Borridor. Salado. La Ciudadela

            Sacacorchos. El Solarium. Shankell, donde luché y luché en

            los pozos de carne y las celdas de ganchos, arrancando la

            piel y viendo la mía arrancada, ganando más de lo que

            perdía, vagando por la noche como un gallo de pelea y
            atesorando monedas durante el día. Hasta que combatía

            aquel príncipe bárbaro que quería hacerse un yelmo con mi

            cráneo de garuda y vencí, contra todo pronóstico, aunque yo

            mismo terminara sangrando más allá de lo que parecía

            posible. Sujetando los intestinos con una mano, le arranqué

            la garganta con la otra. Gané su oro y a sus seguidores, a

            los que liberé. Pagué mi recuperación y compré un pasaje

            en un barco mercante.

                Recorrí todo el continente para volver a estar entero.




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