Page 370 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 370

de madera oscura y exóticas flores del bosque. Los niños

            recorrían  las  veredas  y  jugaban  en  aquel  parque  recluido,

            mientras sus padres compraban, viajaban o trabajaban. Las

            paredes se alzaban enormes a su alrededor, haciendo que el
            bosquecillo pareciese el liquen en el fondo de un pozo.


                Desde  los  pasillos  de  las  plantas  superiores  brotaban

            grupos de habitaciones interconectadas. Muchas habían sido

            despachos  ministeriales  en  algún  momento.  Durante  un

            breve periodo fueron el cuartel general de una u otra pequeña

            compañía. Después habían quedado vacantes muchos años,
            hasta  que  se  limpió  el  moho  y  el  polvo  y  llegaron  los

            embajadores. Aquello había sucedido hacía poco más de dos

            siglos:  una  comprensión  comunitaria  había  barrido  a  los

            varios gobiernos de Rohagi, que comprendieron que desde

            aquel momento la diplomacia era, con mucho, preferible a la

            guerra.

                Había habido embajadas en Nueva Crobuzon desde hacía

            mucho más tiempo, pero, después de que la carnicería de

            Suroch pusiera fin a lo que se llamó las Guerras Pirata, o la

            Guerra  Lenta,  o  la  Falsa  Guerra,  el  número  de  países  y

            ciudades estado que buscaban soluciones negociadas a las
            disputas se había multiplicado. Habían llegado emisarios de

            todo el continente, y de más allá. Las plantas desiertas del

            Ala  Mandragora  se  habían  visto  invadidas  por  los  recién

            llegados, y por los antiguos consulados que se mudaban para

            aprovechar el nuevo influjo de negocios diplomáticos.


                Incluso  para  usar  los  ascensores  o  las  escaleras  de  las
            plantas  de  la  Zona  había  que  superar  toda  una  gama  de

            controles de seguridad. Los pasillos eran fríos y silenciosos,

            rotos por alguna puerta y mal iluminados por lámparas de gas




                                                           369
   365   366   367   368   369   370   371   372   373   374   375