Page 375 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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manipularlos con intensa atención—. Y tampoco hay que
seguir aprendiendo idiomas estúpidos —musitó—.
Invocaciones automáticas a la carta. En realidad no vamos a
ningún sitio, ¿entienden? —De repente alzó la voz—. No
somos abismonautas, y no jugamos siquiera con la potencia
necesaria para realizar un verdadero salto transplantrópico.
Lo único que hacemos es mirar por un ventanuco, dejando
que los infernales vengan a nosotros. Pero la
dimensionalidad de este cuarto va a ser un pelín inestable
durante un tiempo, de modo que permanezcan en la zona de
protección y no jodan. ¿De acuerdo?
Los dedos de Vansetty volaban sobre la caja. Durante dos
o tres minutos no sucedió nada. No había más que el calor y
el repique de la caldera, el martilleo y el zumbido de la
pequeña máquina en manos del hombre. Por debajo de todo
ello, el pie de Rudgutter tamborileaba impaciente.
Y entonces la pequeña habitación comenzó a calentarse de
modo perceptible.
Se produjo un temblor profundo, subsónico, una
insinuación de luz rojiza y humo oleaginoso. Los sonidos se
apagaron antes de acentuarse de repente.
Durante un instante se produjo una mareante sensación de
tirón, y un fulgor rojizo cubrió cada superficie y se desplazó
constantemente como si de agua sanguinolenta se tratara.
Algo aleteó. Rudgutter alzó la mirada, tratando de penetrar
el aire que parecía, de repente, espeso y muy seco.
Un hombre pesado con un inmaculado traje oscuro había
aparecido detrás de la mesa.
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