Page 374 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Estaban  en  una  habitación  totalmente  a  oscuras.  Solo

            podían  ver  gracias  al  débil  fulgor  ambiente  de  las  líneas

            energéticas, hasta que Vansett y colgó el motor mecánico de

            su cuello con una correa y encendió una vela. Con aquella
            luz inadecuada vieron que la habitación podía medir cuatro

            metros por tres; estaba cubierta de polvo y totalmente vacía,

            a excepción de un viejo escritorio y una silla junto una pared,

            así como el suave zumbar de una caldera cerca de la puerta.

            No había ventanas, ni estanterías, nada en absoluto. El aire

            olía a cerrado.

                Vansetty  extrajo  de  su  bolsa  una  inusual  máquina  de

            mano. Sus manojos de alambre y metal, sus nudos de cristal

            multicolor eran intrincados y de hermosa factura. Su utilidad,

            opaca. Se inclinó un instante fuera del círculo y conectó una

            válvula de entrada a la caldera junto a la puerta. Activó una

            palanca en la parte superior de la máquina, que comenzó a

            zumbar y a emitir luces parpadeantes.

                —Por supuesto, en sus tiempos, antes de que yo llegara a

            la profesión, había que emplear ofrendas vivas —explicó

            mientras desenroscaba una bobina de cable de un lateral de

            la  máquina—.  Pero  no  somos  salvajes,  ¿no  es  cierto?  La
            ciencia  es  algo  maravilloso.  Esta  pequeña  belleza  —dijo

            dando  unas  palmadas  orgullosas  al  cachivache—  es  un

            amplificador. Aumenta la salida de ese motor en un factor de

            doscientos,  doscientos  y  diez,  y  lo  transforma  en  energía

            etérica.  Envía  eso  a  los  cables,  así...  —Vansetty  lanzó  el

            cable desenrollado al otro extremo de la pequeña estancia,

            detrás de la mesa— ¡y ahí vamos! ¡Sacrificio sin víctimas!

            — Sonrió triunfal antes de volver su atención hacia los diales

            y potenciómetros del pequeño motor y comenzar a girarlos y




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