Page 417 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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decía que, aun ahora, no creía que aquella conversión fuera

            completa. Sabía que David era un viejo amigo, de principios

            igualmente  libertarios,  que  podría  comprender  (si  pensara

            siquiera en ello) las dificultades de la situación, y en quien
            se podía confiar para que fuera discreto. Pero no se permitía

            darse a aquellos pensamientos, pues se sentía ruin por ser

            egoísta estando Lublamai... acabado.


                No sufría  la aflicción de  aquel  hombre con  la misma

            profundidad que sus dos amigos, por supuesto, pero la visión

            de aquel ser sin mente en el camastro le aturdía y asustaba.
            Le alegraba que al señor Motley le hubiera sucedido algo que

            le diera algunas horas o días para estar con Isaac, que parecía

            roto por la culpa y la tristeza.


                En ocasiones él sufría un estallido de furia, una acción
            inútil,  gritando  «  ¡Vamos!»  y  dando  una  fuerte  palmada,

            aunque no había nada que decidir, ninguna acción que tomar.

            Sin  alguna  pista,  sin  algún  indicio,  el  comienzo  de  algún

            rastro, no podían hacer nada.

                Aquella noche los dos habían dormido juntos arriba, él

            abrazándola desdichado, sin el menor rastro de excitación.

            David  se  había  marchado  a  casa,  prometiendo  volver  a

            primera hora de la mañana. Yagharek había rechazado un

            colchón,  y  se  había  agazapado  de  forma  peculiar  con  las

            piernas cruzadas en una esquina, una posición evidentemente

            diseñada para evitar aplastar sus supuestas alas. Lin no sabía

            si mantenía la ilusión por ella, o si de verdad dormía todavía

            de aquella forma que había usado desde la niñez.

                A la mañana siguiente se sentaron a la mesa y bebieron

            café y té, comieron sin gana y se preguntaron qué podían

            hacer.  Cuando  comprobó  su  correo,  Isaac  se  dio  prisa  en



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