Page 420 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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máquinas rotas, papel descompuesto, escoria, residuos
orgánicos y detritus químico a los vertederos vallados del
Meandro Griss. La materia se asentaba y desparramaba, se
deslizaba o quedaba fija, adoptando formas, imitando a la
naturaleza, creando valles, oteros, canteras y estanques de
gas fétido. A los pocos años las fábricas locales se habían
marchado, pero dejaron atrás sus residuos. Los vientos que
soplaban desde el mar enviaban la pestilencia al otro lado del
Alquitrán, hacia la Aduja.
Los ricos desertaron de sus hogares. La Aduja degeneró
de un modo feroz. Se hizo más ruidosa. La pintura y el yeso
burbujeaban y se levantaron de forma grotesca cuando las
grandes casas se convirtieron en hogares para la población
cada vez más hinchada de Nueva Crobuzon. Las ventanas
rotas se arreglaban de cualquier modo y volvían a romperse.
Llegó un pequeño grupo de comerciantes de comida,
panaderos y carpinteros. La Aduja se convirtió en presa de la
inenarrable capacidad de la ciudad para crear arquitecturas
espontáneas. Las paredes, suelos y techos eran puestos en
cuestión y enmendados. Se encontraron nuevos e
imaginativos usos para los edificios desiertos.
Derkhan Blueday se apresuró hacia aquel batiburrillo de
grandeza violada, mal empleada. Portaba una bolsa pegada a
su cuerpo. Su rostro era triste y decidido.
Llegó desde el Puente Celosía, uno de los más antiguos de
la ciudad. Era angosto y con un adoquinado precario, con
casas construidas en las mismas piedras. El río era invisible
desde el centro del puente. A ambos lados, Derkhan no veía
más que el horizonte quebrado y achaparrado de casas con
casi mil años, con intrincadas fachadas de mármol derruidas
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