Page 415 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Algo incómodo e insistente despertó a Benjamin Flex. Su
cabeza se meció con náuseas y su estómago se hundió.
Estaba sentado, atado a una silla en una pequeña y aséptica
sala blanca. En una pared había una ventana de cristal
escarchado que admitía luz pero no imágenes, por lo que no
tenía modo de saber lo que había al otro lado. Un hombre con
bata blanca estaba sobre él, pinchándolo con un largo trozo
de metal conectado mediante cables a un motor zumbante.
Levantó la mirada hasta la cara del hombre y vio la suya.
El extraño portaba una máscara de espejo totalmente pulida,
redondeada, una lente convexa que le devolvió su propio
rostro distorsionado. Aun retorcidos y ridículos, los cortes y
la sangre que decoloraban su piel le aturdieron.
La puerta se abrió ligeramente para dar paso a un hombre
que no llegó a entrar del todo. Sujetaba la hoja y miraba por
donde había venido, hablando con alguien en el pasillo, o la
sala principal que hubiera al otro lado.
—...me alegro de que te guste —oyó Benjamin—... al
salón con Cassandra esta noche, así que nunca sabes... no,
esos ojos todavía me matan... —El hombre rió como
respuesta a alguna galantería que no pudo oír y se despidió
con la mano. Después se giró y entró en el cuartucho.
Se volvió hacia la silla y Benjamin vio a una figura que
reconoció de los mítines, de los discursos, de los gigantescos
heliotipos pegados por toda la ciudad. Era el alcalde
Rudgutter.
Las tres figuras en la estancia estaban quietas, valorándose
las unas a las otras.
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