Page 412 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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alrededor de todos aquellos hombres, de sus rápidas,
pesadas, apestosas respiraciones, de su ansiedad rezumó a
través de su piel como el vinagre. Quería volver a sentir el
frío, la oscuridad bajo las vías del tren, donde formas de vida
más duras luchan, combaten y mueren o son devoradas. Hay
un cierto bienestar en esa brutal simplicidad.
Pero esta no es mi tierra y no puedo elegir. He tratado de
contenerme. He bregado con la alienígena jurisprudencia de
esta ciudad, con todas sus divisiones y sus verjas, con líneas
que separan esto de lo otro y lo tuyo de lo mío. Me he
amoldado a ello. He buscado la comodidad y la protección
poseyéndome, siendo mi única, aislada y privada propiedad
por primera vez. Pero he descubierto con repentina
violencia que soy víctima de un fraude colosal.
He sido engañado. Cuando la crisis estalla no puedo ser
exclusivamente mío, como no podía serlo en el verano
constante del Cymek (donde «mi arena» o «tu agua» eran
cosas tan absurdas que podían matara quien las
pronunciara). El espléndido aislamiento que he buscado se
derrumba. Necesito a Grimnebulin, Grimnebulin necesita a
sus amigos, sus amigos necesitan socorro de todos nosotros.
Es una sencilla matemática que cancela las condiciones
comunes y que me descubre que yo también necesito auxilio.
Debo ofrecerme a los demás para salvarme.
Me tambaleo. No debo caer.
Una vez fui una criatura del aire, y él me recuerda.
Cuando escalo a las alturas de la ciudad y me presto al
viento, me acaricia con corrientes y vectores de mi pasado.
Puedo oler y ver el paso de predadores y presas en la marea
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