Page 46 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 46

4

                Para su horror, Lin se retrasaba.


                No ayudaba que no fuera una entusiasta del Barrio Óseo.

            La  arquitectura  bastarda  de  aquel  estrafalario  distrito  le

            confundía:  un  sincretismo  del  industrialismo  y  la  chillona
            ostentación  doméstica  de  los  acomodados,  el  hormigón

            pelado  de  los  muelles  olvidados  y  la  piel  estirada  de  las

            tiendas  precarias.  Las  distintas  formas  se  superponían

            aleatorias en aquella zona baja, llena de matorral urbano y

            tierra yerma, en la que crecían la maleza y las plantas más

            duras  que  se  arrastraban  por  las  llanuras  de  hormigón  y

            asfalto.

                A  Lin  le  habían  dado  el  nombre  de  una calle,  pero  los

            carteles a su alrededor yacían rotos en sus peanas, o se caían

            hasta el punto en que señalaban direcciones imposibles, o

            quedaban ocultos por el óxido, o se contradecían los unos a

            los otros. Dejó de concentrarse en ellos y consultó el mapa

            abocetado.

                Podía  orientarse  con  las  Costillas.  Miró  arriba  y  las

            encontró sobre ella, alzándose vastas hacia el cielo. Solo un

            lado  de  la  jaula  era  visible,  las  curvas  blanqueadas  y

            ampolladas erectas como una ola ósea a punto de romper

            sobre los edificios al este. Lin se acercó a ellos.

                Las calles se abrieron a su alrededor y se encontró frente a

            otro espacio de aspecto abandonado, aunque muchísimo más

            grande que los demás. No parecía una plaza, sino un inmenso

            agujero inacabado en la ciudad. Los edificios contiguos no

            mostraban  sus  fachadas  principales,  sino  las  medianeras,
            como si las prometidas barriadas de frontispicios elegantes

            nunca hubieran llegado. Las calles del Barrio Óseo tanteaban



                                                            45
   41   42   43   44   45   46   47   48   49   50   51