Page 48 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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casas, una columna que fue silenciosamente enterrada de
nuevo después del enésimo accidente en el lugar. No se
hallaron ni miembros, ni caderas ni cráneos gargantuescos.
Nadie podía decir qué suerte de criatura había caído allí y
perecido hacía milenios. Los mugrientos artistas que
trabajaban sobre las Costillas se especializaban en diversas
interpretaciones horripilantes del Gigantes Crobuzon:
bípedo y cuadrúpedo, humanoide, con colmillos, con
cuernos, alado, pugnaz o pornográfico.
El mapa de Lin la dirigía hacia una callejuela anónima en
el lado sur de las Costillas. Se abrió paso hasta una calle
silenciosa donde encontró los edificios negros que le habían
indicado; era una hilera de casas oscuras y desiertas, todas
salvo una con umbrales tapiados y ventanas selladas y
pintadas con alquitrán.
No había viandantes, ni taxis, ni tráfico. Lin estaba sola.
Sobre la única puerta restante en la colonia se había
pintado con tiza lo que parecía un tablero de juego, un
cuadrado dividido en otros nueve. No había cruces y
círculos, no obstante, ni otras marcas.
Aguardó en la calle y jugueteó con su falda y su blusa
hasta que, exasperada con ella misma, se acercó a la puerta y
llamó con golpes rápidos.
Ya es bastante malo que llegue tarde, pensó, como para
seguir fastidiándolo.
Sobre ella oyó bisagras y palancas deslizándose, y detectó
un leve reflejo de luz: se estaba desplegando algún sistema
de lentes y espejos para poder juzgar si el visitante era digno
de atención.
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