Page 434 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Entonces Benjamin Flex se apartó, y con algún reflejo
mental invisible para la desconsolada Derkhan, le dijo a
Umma Balsum que era hora de desconectarse.
La comunicadora se sacudió de nuevo, tembló y se
tambaleó, y con una ráfaga de alivio casi palpable su cuerpo
recuperó su propia forma.
La batería siguió dando vueltas a la pequeña manivela
hasta que la mujer se enderezó, se acercó y le puso encima
una mano temblorosa. Detuvo el reloj sobre la mesa.
— Ya está, cariño.
Derkhan se estiró y apoyó la cabeza sobre la mesa,
llorando en silencio. Al otro lado de la ciudad, Benjamin Flex
hacía lo propio. Los dos solos.
Derkhan tardó solo dos o tres minutos en recomponerse e
incorporarse. Umma Balsum estaba sentada en su silla,
calculando sumas en un trozo de papel con gran eficiencia.
Alzó la mirada ante el sonido que hacía Derkhan para
tratar de recuperar el control.
— ¿Estás mejor, cariño? —preguntó suave—. Ya tengo el
importe.
Hubo un instante en el que Derkhan se sintió asqueada por
la insensibilidad de la mujer, pero pasó rápidamente. No
sabía si Umma Balsum era capaz de recordar lo que oía o
decía mientras estaba en sintonía. Y, aunque así fuera, la de
Derkhan no era más que una tragedia de los cientos y miles
de toda la ciudad. Umma Balsum se ganaba la vida como
intermediaria, y su voz había contado una historia tras otra
de pérdida, traición, tortura y desdicha.
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