Page 436 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Las olas arrastraban la hez orgánica hacia el este. Al otro
lado del Cancro, la orilla estaba atestada de marañas de
zarzas y matojos de algas serpentinas. Un poco hacia el norte,
en la ribera de Derkhan, alcanzó a divisar un establecimiento
cochambroso. Decidió probar suerte y aceleró al ver el cartel
de pintura pelada: el Niño Moribundo.
El interior era denegrido, fétido, caliente e
inquietantemente húmedo; pero en una esquina, detrás de los
humanos, vodyanoi y rehechos borrachos e indolentes,
estaba sentado Isaac.
Hablaba en susurros con otro hombre al que recordaba
vagamente como un científico amigo suyo. Isaac alzó la
mirada cuando Derkhan entró y, tras un instante, la
reconoció. Casi corrió hacia él.
—Isaac, joder, por Jabber... Cómo me alegro de
encontrarte...
Mientras le hablaba atropelladamente, aferrándose
nerviosa a la tela de su chaqueta, reparó en su mirada
mortificada y en su falta de bienvenida. El pequeño discurso
murió en sus labios.
—Derkhan... por mis dioses... —dijo—. Yo... Derkhan,
hay una crisis... Ha pasado algo, y yo... —parecía inquieto.
Derkhan lo miró con tristeza.
Se sentó de repente, dejándose caer en el banco junto a
Isaac. Era como una rendición. Se inclinó sobre la mesa y se
cubrió los ojos, que de forma repentina e irrevocable se
llenaban de lágrimas.
—Acabo de ver a un amigo muy querido, a un camarada,
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