Page 435 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Derkhan sintió un oscuro y solitario solaz en saber que su
sufrimiento y el de Ben no eran especiales ni inusuales. La
de Ben sería una muerte más.
—Toma. —La mujer le mostraba el trozo de papel—. Dos
marcos, más cinco por la conexión, son siete. Estuve once
minutos, lo que hace veintidós estíveres, con lo que queda en
nueve marcos con dos. Más un noble por el peligro de la
Espiga, un noble nueve y dos.
Derkhan le entregó dos nobles y se marchó.
Caminaba deprisa, sin pensar, rehaciendo el camino a
través de las calles de la Ciénaga Brock. Regresó a las calles
habitadas, donde las gentes que pasaban eran algo más que
figuras de aspecto cambiante que acechaban apresuradas de
una sombra a otra. Se abrió camino entre los puestos y los
vendedores de dudosas y baratas pócimas.
Se dio cuenta de que se dirigía hacia la casa laboratorio de
Isaac. Era un buen amigo, y una especie de camarada
político. No conocía a Ben, ni siquiera había oído su nombre,
pero comprendería la escala de lo que había sucedido. Puede
que tuviera alguna idea sobre lo que hacer. Y si no era así,
no le vendría mal un café fuerte y algo de consuelo.
Su puerta estaba cerrada. No llegó respuesta alguna desde
el interior. Derkhan casi chilló. Estaba a punto de marcharse
hacia una triste soledad cuando recordó las emocionadas
descripciones de Isaac sobre un tugurio que frecuentaba en
la orilla, el Niño Muerto, o algo así. Dobló la esquina de la
callejuela junto a la casa y miró el camino hacia el río,
cubierto de losetas de piedra rota y erupciones de hierba
tenaz.
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