Page 441 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Mientras regresaban y trepaban desde debajo del umbral
de audición, los retumbos se metamorfosearon y se
convertían en palabras, en una voz melodiosa y melancólica,
al principio un mero susurro, después más audaz, que giraba
sobre sí misma hasta cobrar existencia a partir del eco de las
tijeras. Era indescriptible, triste, aterradora, seductora; no
resonaba en los oídos, sino en lo más profundo, en la sangre
y el hueso, en los plexos nerviosos.
...CARNASCAPA EN EL PLIEGUE DE
CARNASCAPA PARA HABLAR SALUDO EN ESTE
REINO TIJERETEADO RECIBIRÉ Y SERÉ RECIBIDA...
En el temeroso silencio, Rudgutter gesticuló a Stem-
Fulcher y a Rescue, hasta que comprendieron y levantaron
sus tijeras como él había hecho, abriéndolas y cerrándolas
con fuerza, cortando el aire con un sonido casi táctil. El
alcalde se unió a ellos, y los tres abrieron y cerraron sus hojas
en un macabro aplauso.
Ante el sonido de aquel susurro chasqueante, la voz
ultraterrena resonó de nuevo en la estancia, gimiendo con
obsceno placer. Cada vez que hablaba, era como si lo que se
perdía en el volumen inaudible fuera solo un fragmento de
su incesante retahila.
...una y otra y otra y otra vez no soporto estas invocaciones
cortantes este himno afilado acepto acepto vuestro corte tan
agradable y vosotros pequeñas figurillas endoesqueléticas
cortáis y rasuráis y rajáis las cuerdas de la telaraña tejida y le
dais forma con gracia grosera...
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