Page 442 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Desde las sombras arrojadas por formas invisibles,
espectros que parecían estirados y tensos, tendidos de una
esquina a otra de aquella habitación cuadrada, algo se
mostró.
Un ser surgió a la existencia de repente donde antes no
había habido nada. Llegó desde detrás de algún pliegue en el
espacio.
Dio un paso adelante mientras se alzaba delicadamente
sobre patas puntiagudas, meneando su cuerpo vasto, alzando
múltiples patas. Miró a Rudgutter y sus compañeros desde
una cabeza que acechaba amenazadora y colosal por encima
de ellos.
Una araña. Rudgutter se había entrenado de forma
rigurosa. Era un hombre sin imaginación, una persona fría
que se gobernaba mediante una disciplina industrial. No era
capaz de sentir terror.
Pero, contemplando a la Tejedora, cerca anduvo.
Era peor, mucho más amenazadora que el embajador. Los
infernales eran terribles y majestuosos, poderes monstruosos
por los que Rudgutter sentía el más profundo respeto. Pero...
pero los comprendía. Eran torturados y torturadores,
calculadores y caprichosos. Astutos. Inteligibles. Eran
políticos.
La Tejedora era completamente alienígena. No había
negociación, no había juegos. Ya se había intentado.
Rudgutter se controló, enfadado, juzgándose con
severidad, estudiando al ser ante él en un intento por darle
realidad, por metabolizar la imagen.
La masa de la Tejedora se concentraba en su enorme
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