Page 447 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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oníricos.
El alcalde sabía que la Tejedora haría cualquier cosa que,
en su criterio, mejorara la telaraña global. Podía pretender
estar muerta o reformar la piedra del suelo en una estatua de
león. Podía arrancarle los ojos a Eliza. Lo que fuera con tal
de dar forma al patrón en el tejido de éter que solo ella podía
ver; lo que fuera con tal de dar forma al tapiz.
El recuerdo de Kapnellior discutiendo sobre textorología,
la ciencia de las Tejedoras, pasó por la cabeza de Rudgutter.
Aquellos seres eran de una fabulosa rareza, y solo habitaban
la realidad convencional de forma intermitente. Los
científicos de Nueva Crobuzon únicamente se habían
procurado el cadáver de dos desde la fundación de la ciudad.
La de Kapnellior no era, ni mucho menos, una ciencia exacta.
Nadie sabía por qué aquella Tejedora había elegido
quedarse. Hacía más de doscientos años había anunciado al
alcalde Dagman Beyn, en su forma elíptica, que viviría bajo
la ciudad. A lo largo de las décadas, una o dos
administraciones la dejaron en paz, pero la mayoría había
sido incapaz de resistirse al embrujo de su poder. Sus
ocasionales interacciones (a veces banales, a veces fatales)
con acaldes y científicos eran la principal fuente de
información para los estudios de Kapnellior.
El propio científico era un evolucionista. Sostenía la
opinión de que las Tejedoras eran arañas convencionales que
habían sido sometidas a una especie de desastre de Torsión
o taumaturgia (hacía treinta, cuarenta mil años,
probablemente en Sagrimai), lo que provocó una repentina y
breve aceleración evolutiva de explosiva velocidad. En el
plazo de unas pocas generaciones, le había explicado a
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