Page 471 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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descendiendo hacia Ecomir, siguiendo el olor de su presa.
Otra de las grandes formas aéreas trazó de repente un gran
ocho en cielo y volvió sobre sus pasos, en busca del sabor
familiar que se había filtrado entre sus papilas gustativas. Era
un aroma nervioso que había impregnado los capullos de los
monstruos en pupa. La gran bestia flotó sobre la ciudad y su
saliva se disipó en varias dimensiones bajo ella. Las
emisiones eran oscuras, de una fragilidad frustrante, pero su
sentido del gusto estaba muy desarrollado y la arrastró hacia
Mafatón, abriéndose camino a lametones hacia el tentador
aroma de la científica que los había visto crecer: Magesta
Barbile.
El redrojo, el cachorro mal alimentado que había liberado
a sus camaradas, también encontró un rastro de sabor
rememorado. Su mente no estaba tan desarrollada, sus
papilas eran menos exactas: no podría perseguir un aroma
intermitente desde el aire. Pero, incómodo, lo intentó. El
sabor completo de la mente era tan familiar... Había rodeado
a aquella criatura deforme durante su florecer a la
consciencia, durante su crisálida y la creación de su capullo
de seda. Perdió y halló de nuevo el rastro. Lo perdió de nuevo
torpemente.
El menor y más débil de aquellos batidores nocturnos,
mucho más fuerte que cualquier hombre, famélico y
predador, buscaba sus caminos con la lengua a través del
cielo, tratando de recuperar el rastro de Isaac Dan der
Grimnebulin.
Isaac, Derkhan y Lemuel Pigeon aguardaban inquietos en
la esquina, bajo el fulgor humeante de la luz de gas.
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