Page 469 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 469
miseria nocturna.
Nueva Crobuzon estaba en garras de una epidemia, una
enfermedad, una plaga de pesadillas.
El verano se coagulaba sobre Nueva Crobuzon,
sofocándola. El aire de la noche era caliente, espeso como el
aliento exhalado. Muy por encima de la ciudad,
transfiguradas entre las nubes y la urbe, las grandes criaturas
aladas babeaban.
Extendían y batían sus vastas alas irregulares, lo que
provocaba gruesas corrientes de aire en caótico movimiento.
Sus intrincados apéndices (tentaculares, insectiles,
antropoides, quitinosos, numerosos) se agitaban al surcar la
febril excitación.
Abrían sus perturbadoras fauces y desenrollaban las largas
lenguas emplumadas hacia los tejados. El mismo aire estaba
empapado de sueños, y los seres voladores lamían ansiosos
aquel jugo suculento. Cuando las frondas que remataban sus
lenguas pesaban por el néctar invisible, las enrollaban hasta
sus bocas con un chasquido lujurioso, afilando sus enormes
dientes.
Surcaban los cielos, defecando, exudando los restos de sus
anteriores comidas. El rastro invisible se extendía desde el
aire, un efluvio psíquico que se deslizaba grumoso, cuajado,
entre los intersticios del plano mundano. Rezumaba a través
del éter hasta cubrir la ciudad, saturaba las mentes de sus
habitantes, perturbaba su reposo y sacaba a los monstruos a
la luz. Los dormidos y los despiertos sentían sus mentes
retorcerse.
468

