Page 467 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Una noche, la ciudad dormía con paz razonable.
Por supuesto, la oprimían las interrupciones habituales.
Los hombres y mujeres luchaban entre ellos y morían. La
sangre y el vómito manchaban las viejas calles. Los cristales
se rompían. La milicia surcaba los cielos. Los dirigibles
rugían como ballenas monstruosas. El cuerpo mutilado, sin
ojos, de un hombre que más tarde sería identificado como
Benjamín Flex, fue encontrado flotando en Malado.
La ciudad bregaba inquieta a través de la noche, como
había hecho a lo largo de los siglos. Era un sueño fracturado,
pero el único que había conocido.
Pero a la noche siguiente, cuando David completó su
furtiva tarea en los barrios bajos, algo cambió. La Nueva
Crobuzon nocturna siempre había sido un caos de ritmos
discordantes y acordes violentos, repentinos. Ahora sonaba
una nueva nota, un tono sutil, tenso, susurrado, que
enfermaba el aire.
Una noche, la tensión era algo delgado, tentativo, que se
abría camino en la mente de los ciudadanos, arrojando
sombras sobre sus rostros dormidos. Entonces llegaba el día
y nadie recordaba más que un momento de inquietud
nocturna.
Y entonces las sombras se alargaron y la temperatura
descendió, y cuando la noche regresó desde debajo del
mundo, algo nuevo y terrible se aposentó sobre la ciudad.
Por toda la conurbación, desde la Colina de la Bandera al
norte hasta Barracan bajo el río, desde los intermitentes
suburbios de Malado al este hasta las toscas barriadas
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