Page 466 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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corrió  hacia  la  puerta.  Sintió  como  si  nadara  en  fango,

            mientras su propia vergüenza lo engullía como un mar de

            flema. Ansiaba alejarse de aquella habitación y olvidar lo que

            había dicho y hecho, no pensar en las monedas y los billetes
            que le mandarían, pensar solo en la lealtad que sentía hacia

            Isaac, explicarle que todo era para mejor.


                El otro hombre abrió la puerta frente a él, liberándolo, y

            David se apresuró agradecido, corriendo casi por el pasillo,

            ansioso por escapar.

                Pero  por  mucho  que  corriera  a  través  de  las  calles  de

            Hogar de Esputo, la culpa se aferraba a él, tenaz como las

            arenas movedizas.
























































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