Page 496 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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se frotaba los ojos y estiraba un tanto la cara. Siempre
regresaba a su atención casual hacia la entrada principal.
El fin, cuando las sombras de la tarde comenzaban a
alargarse, apareció su objetivo. Montague Vermishank salió
del edificio y olfateó el aire con cautela, como si supiera que
debía disfrutarlo. Comenzó a quitarse la chaqueta y se detuvo
para rodearse con ella. Salió en dirección a Prado del Señor.
Los hombres bajo el árbol abandonaron la protección de
sus hojas y partieron tras su presa.
Era un día atareado. Vermishank se dirigió hacia el norte,
buscando un taxi. Tomó la Vía Tinca, la avenida más
bohemia de Prado del Señor, donde los académicos
progresivos celebraban su corte en cafés y librerías. Los
edificios de la zona eran viejos y bien conservados, sus
fachadas limpias y recién pintadas. Vermishank las ignoró.
Había recorrido aquella senda durante años y era ajeno a su
entorno, así como a sus perseguidores.
Un taxi de cuatro ruedas apareció entre la multitud, tirado
por un incómodo y peludo bípedo de la tundra septentrional,
que caminaba sobre unas patas articuladas como las de un
pájaro. Vermishank alzó el brazo y el taxista trató de
maniobrar el vehículo hacia él. Los perseguidores aceleraron
el paso.
— ¡Monty! —tronó el más grande mientras le palmeaba
el hombro. Vermishank se giró alarmado.
—Isaac —vaciló. Sus ojos buscaron ansiosos el taxi, que
seguía acercándose.
— ¿Cómo estás, viejo? —le gritó Isaac al oído izquierdo.
Por debajo, Vermishank pudo oír otra voz susurrando a su
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