Page 497 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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derecha.
—Lo que tienes en el estómago es un cuchillo, y te
destriparé como a un pescado de mierda si se te ocurre
respirar siquiera de un modo que no me guste.
—Qué suerte encontrarme contigo —vociferaba Isaac
jocoso, llamando al taxi. El conductor musitó y se acercó.
—Intenta escapar y te rajo. Y si lo consigues, te meto una
bala en la cabeza. —La voz estaba llena de desprecio.
—Oye, vamos a mi casa a tomar un trago —dijo Isaac—.
A la Ciénaga Brock, por favor. La Vía del Remero. ¿Lo
conoce? Bonito animal, por cierto. —Isaac mantenía la
corriente constante de sinsentidos mientras entraban en el
carruaje cerrado. Vermishank entró tras él, temblando y
tartamudeando, aguijoneado por el pincho de la navaja.
Lemuel Pigeon entró el último y cerró la puerta antes de
sentarse mirando hacia delante, con el cuchillo en el costado
de Vermishank.
El conductor se alejó de la acera. Los crujidos, el traqueteo
y los balidos de protesta del animal los acompañaron durante
el viaje.
Isaac se giró hacia Vermishank, desaparecida su
exagerada alegría.
—Tienes un montón que cantar, cabrón retorcido —le
siseó, amenazador.
El prisionero recuperaba visiblemente la compostura.
—Isaac —murmuró—. Ja. ¿En qué puedo ayudarte?
Dio un respingo cuando Lemuel lo pinchó.
—Cierra la puta boca.
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