Page 495 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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mi propio mercado. Y ese es un juego muy, muy peligroso.
—Se retiró un poco y la valoró mientras se retorcía—.
Vamos a traer al señor der Grimnebulin para que dé cuenta
de su robo. ¿Cree que vendrá si le ofrecemos a usted?
La sangre comenzaba a secarse en las mangas de la camisa
de Lin. Trató de nuevo de realizar unas señas.
—Tendrá la ocasión de explicarse, señorita Lin —dijo
Motley, de nuevo calmado—. Puede que sea usted su
compinche en el robo, puede que no tenga ni idea de lo que
le hablo. Mala suerte para usted, debo decir. No permitiré
que esto quede así. —Observó cómo trataba desesperada de
hablarle, de explicarse, de liberarse.
Sus brazos comenzaban a sufrir espasmos. El cacto los
estaba insensibilizando. Mientras Lin sentía zumbar su
cabeza por el dolor constrictor, oyó el susurro del señor
Motley.
—No soy un hombre compasivo.
En el exterior de la Facultad de Ciencias de la
Universidad, la plaza bullía de estudiantes. Muchos vestían
las togas negras oficiales; algunas almas rebeldes se las
quitaban en cuanto abandonaban el edificio.
Entre la marea de figuras había dos hombres inmóviles,
apoyados contra un árbol, ignorando la savia pegajosa. Había
mucha humedad y uno de ellos vestía de forma incongruente
con un largo abrigo y un sombrero oscuro.
Aguardaron quietos durante mucho tiempo. Una clase
terminó, y después otra. Los hombres vieron dos ciclos de
estudiantes llegar y marchar. En ocasiones, el uno o el otro
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