Page 550 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ciega de ladrillo. Debía de medir unos tres metros de lado (el
otro extremo apenas era visible con la débil luz), con un
techo a poco más de metro y medio sobre su cabeza. En cada
una de las cuatro paredes de la cámara se abría un túnel
cilíndrico de metro veinte de diámetro.
El fondo de la estancia estaba completamente sumergido
en agua hedionda. Era imposible adivinar la profundidad de
aquella corriente. El líquido parecía emerger de al menos dos
de los túneles y fluía lentamente hacia los otros. Las paredes
estaban resbaladizas por el cieno y el moho. El aire hedía a
mierda y putrefacción.
Isaac se miró y su expresión se vio surcada por la
perplejidad. Estaba vestido con traje y corbata inmaculados,
una pieza oscura, bien cortada, de la que cualquier
parlamentario estaría orgulloso. No lo había visto nunca
antes. Junto a él, arrugada y sucia, esperaba su mochila de
lona.
Recordó, de repente, el dolor explosivo y la sangre de la
noche anterior. Tragó saliva y se acercó la mano con
inquietud.
Mientras sus dedos tanteaban exhaló atronador. Su oreja
izquierda había desaparecido.
Exploró con pies de plomo el tejido destrozado, esperando
encontrarse carne húmeda, arrancada, y cuajarones de sangre
secos. Sin embargo, al contrario que en el caso de Derkhan,
halló una cicatriz bien sellada, cubierta de piel. No sentía
dolor alguno, como si la herida llevara varios años así.
Frunció el ceño y tanteó, experimentando con la zona. Aún
podía oír, aunque, sin duda, su capacidad para localizar la
fuente de los sonidos se vería mermada.
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