Page 558 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Yagharek aguardaba bajo un húmedo remetido de ladrillos
cerca de la estación Trauka.
Masticaba un poco de pan y carne que le había suplicado
sin palabras a un carnicero. No lo habían descubierto.
Simplemente sacó la mano trémula de debajo de la capa y le
dieron la comida. Su cabeza había permanecido oculta. Se
alejó arrastrándose sobre sus pies cubiertos de harapos. Sus
andares eran los de un anciano fatigado.
Era mucho más fácil ocultarse como humano que como un
garuda completo.
Esperó en la oscuridad en la que lo había dejado Lemuel.
Desde las sombras que lo ocultaban podía vigilar las idas y
venidas en la iglesia de los dioses reloj. Era un edificio feo y
pequeño cuya fachada estaba pintada con los lemas
publicitarios de la tienda de muebles que había sido en su
día. Sobre la puerta había un intrincado mecanismo de
bronce, cada hora entrelazada con los símbolos de su dios
asociado.
Yagharek conocía la religión, fuerte entre los humanos de
Shankell. Había visitado los templos cuando su bandada
acudió a la ciudad para comerciar, en los años anteriores a su
crimen.
El reloj dio la una y el garuda oyó el ululante himno de
Sanshad, el dios solar, atravesando las ventanas rotas. Se
cantaba con más voluntad que en Shankell, pero con una
delicadeza considerablemente menor. Habían pasado menos
de tres décadas desde que la religión cruzara el Mar Escaso
con algún éxito. Era evidente que las sutilezas se habían
perdido en el agua, en alguna parte del camino.
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