Page 559 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Antes de ser consciente de ello, sus oídos de cazador se
habían dado cuenta de que uno de los juegos de pasos que se
aproximaban a su escondrijo era familiar. Terminó su
comida a toda prisa y esperó.
Lemuel apareció recortado en la entrada de la pequeña
gruta. Los viandantes iban y venían en los espacios
iluminados sobre sus hombros.
—Yag—susurró, escudriñando ciego en el fétido agujero.
El garuda avanzó un poco hacia la luz. Lemuel portaba dos
bolsas llenas de ropa y comida—. Vamos. Tenemos que
volver.
Rehicieron sus pasos a través de las calles serpenteantes
de la Sombra. Era Día de la calavera, día de compras, y en el
resto de la ciudad se reunirían multitudes. Pero en la Sombra
las tiendas eran humildes, paupérrimas. Los residentes con el
día libre acudían a Griss Bajo, o al mercado de Galantina. No
había muchos testigos del paso de Lemuel y Yagharek.
El garuda aceleró bamboleándose extrañamente sobre sus
pies envueltos para mantenerse a la altura de su compañero.
Se dirigieron hacia el sureste y, sin salir de la sombra de las
líneas férreas elevadas, voló hacia Siriac.
Así es como llegué a la ciudad, pensó Yagharek, siguiendo
el rastro de las grandes sendas de hierro de los trenes.
Pasaron bajo arcos de ladrillo y volvieron sobre sus pasos
hacia un pequeño espacio cerrado rodeado de ladrillo
monótono por tres de sus lados.
Las bajantes pluviales recorrían el muro hasta llegar a los
canales de hormigón y la reja situada en el centro del patio.
En el cuarto lado, el que daba al sur, el espacio se abría a
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