Page 561 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Tejedora nos dejara aquí, pero estamos en una de las zonas

            más seguras del alcantarillado de Nueva Crobuzon. —Su voz

            se tensaba aquí y allá con esfuerzo y desagrado—. El de la

            Sombra  está  tan  atrasado  que  no  hay  mucha  comida,  ni
            residuos taumatúrgicos, ni inmensas y viejas cámaras para

            soportar todo un nido... Que no está muy concurrido, vamos

            —Guardó silencio un largo rato antes de proseguir—. Las

            alcantarillas de la Ciénaga Brock, por ejemplo. Todos los

            restos inestables de todos los laboratorios y experimentos,

            acumulándose a lo largo de los años... crean una población

            de  alimañas  del  todo  impredecible.  Ratas  del  tamaño  de

            cerdos capaces de hablar, ciegos cocodrilos pigmeos cuyos

            antepasados escaparon del zoo, cruces de todas clases. En
            Gran Aduja y en Vadoculto la ciudad se asienta sobre capas

            de edificios más antiguos. Durante cientos de años se han

            hundido  en  el  fango,  y  se  limitan  a  construir  encima.  El

            pavimento solo ha sido sólido desde hace ciento cincuenta

            años.  Las  alcantarillas  vierten  en  viejos  sótanos  y

            dormitorios,  y  los  túneles  como  este  llevan  a  calles

            sumergidas. Aún es posible ver el nombre de las calles y las
            casas putrefactas bajo un cielo de ladrillo, aún en pie. La

            mierda fluye entre los canales y entra por puertas y ventanas.

            Ahí es donde viven las infrabandas. Antes eran humanas, o

            lo eran sus padres, pero han pasado demasiado tiempo allá

            abajo. No es algo agradable de ver — pregonó, escupiendo a

            la lenta pasta—. Pero bueno. Mejor las infrabandas que los

            necrófagos.  O  los  trogs  —rió,  aunque  sin  humor  alguno.

            Yagharek no sabía si se estaba burlando de él.

                Lemuel quedó en silencio. Durante algunos minutos no se

            produjo más sonido que el chapoteo de sus piernas a través

            del  espeso  efluvio.  Entonces  Yagharek  oyó  las  voces.  Se


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