Page 560 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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una callejuela gris. La tierra se deslizaba y caía sobre ella,
pues Siriac se asentaba en una depresión de arcilla. Yagharek
escudriñó un horizonte de cubiertas retorcidas de pizarra
mohosa, ornamentos de ladrillo y veletas encrespadas.
Lemuel miró a su alrededor para asegurar la privacidad y
abrió la rejilla. Zarcillos de gas nauseabundo ascendieron
para abrazarlos. La canícula enriquecía el hedor. Lemuel le
dio sus bolsas a Yagharek y sacó una pistola preparada del
cinturón. El garuda lo observaba desde debajo de la capucha.
El hampón se giró con una sonrisa dura.
—He estado cobrando favores para equiparnos —dijo
agitando el arma para ilustrar su idea. La comprobó y valoró
con ojo experto. Sacó una lámpara de aceite de la bolsa, la
encendió y la levantó con la mano izquierda—. Mantente
detrás de mí y ten las orejas abiertas. En silencio. Vigila tu
espalda.
Con esto, Lemuel y Yagharek descendieron hacia el polvo
y las tinieblas.
Pasaron un tiempo indeterminado vadeando la caliginosa
y fétida oscuridad. Los sonidos de chapoteos circulaban a su
alrededor. En un caso oyeron una risa viciosa desde un túnel
paralelo al suyo. Dos veces Lemuel se giró y apuntó la
linterna y la pistola hacia una zona de inmundicia aún
ondulando allá donde había estado su acosador invisible. No
tuvo que disparar. No fueron molestados.
— ¿Sabes la suerte que tenemos? —dijo Lemuel para
sacar conversación. Su voz llegaba lentamente a Yagharek a
través del aire fétido—. No sé si fue deliberado el que la
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