Page 66 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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y aprenda algo sobre ellos. Cerdo ignorante, hijo de puta, se
reprochó.
— Nuestra lengua carece de forma escrita, pero hemos
aprendido a leer y escribir muchas otras lenguas a lo largo
del tiempo —decía Yagharek —. Comerciamos con libros
con viajeros y mercaderes, muchos de los cuales pasan por
Nueva Crobuzon. Algunos son nativos de esta ciudad. Es un
lugar que conocemos bien. He leído la historia, los relatos.
— Entonces ganas, compañero, porque yo no sé una
mierda de tu hogar —respondió abatido Isaac. Se produjo un
silencio. Volvió a mirar a Yagharek.
— Aún no me has dicho por qué estás aquí.
El garuda apartó la vista y miró por la ventana. Abajo, las
barcazas flotaban sin rumbo.
Era difícil discernir emociones en la voz rasposa del
garuda, pero Isaac creyó percibir disgusto.
— Me he arrastrado como una sabandija de agujero en
agujero durante dos semanas. He buscado diarios y rumores,
información, y me ha conducido hasta la Ciénaga Brock, y
de ahí a ti. La pregunta que me ha traído aquí es: « ¿Quién
puede cambiar las capacidades del material? ». «
Grimnebulin, Grimnebulin», dice todo el mundo. Me dicen:
«Si tienes oro es tuyo, o si no tienes oro pero le interesas, o
si le aburres pero te compadece, o si se encapricha». Dicen
que eres un hombre que conoce los secretos de la materia,
Grimnebulin. —Yagharek lo miraba directamente—. Tengo
algo de oro. Te interesaré. Compadécete de mí, suplico tu
ayuda.
— Dime qué necesitas.
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